30 AÑOS CON MUJERES GUARDIA CIVILES

No hay trabajos de hombres ni de mujeres. No hay aficiones de mujeres ni de hombres. Hay trabajos y hay aficiones o, al menos, así debería ser…

#Huesca (#sociedad).- Se cumplen 30 años desde la incorporación de la mujer en la Guardia Civil y nuestra protagonista de hoy, María Teresa Gil, sabe mucho de ello ya que lleva 29 en el cuerpo. Perteneciente a la segunda generación de mujeres y ha vivido en primera persona la evolución dentro de su profesión. “He tenido el privilegio de entrar en la Guardia Civil casi desde que se permitiera el acceso de la mujer al Cuerpo, justo un año después. Esto hace que haya podido vivir en primera persona la revolución que aquello supuso, no solamente en la Guardia Civil sino en la sociedad en general. Desde entonces se ha ido incrementando paulatinamente el número de mujeres en esta Institución y aunque el porcentaje de personal femenino sigue siendo bajo, se ha normalizado bastante la presencia de la mujer y ya no resulta tan ‘chocante’ como lo fuera al principio”.

La teniente adjunta Gil está destinada a la compañía de Sariñena (Huesca) y aunque es hija y nieta de guardia civiles no pensó dedicarse a esta profesión hasta su último año de instituto. “Nunca me lo planteé de niña, entre otras cosas porque no podía haber mujeres. Fue cuando anunciaron su incorporación cuando decidí ser guardia civil”. Al principio, en su casa, se sorprendieron pero luego intentaron apoyarla. “Mi padre tuvo dudas al principio, pero cuando vio que realmente estaba convencida e ilusionada con la idea, se convirtió en mi referente y mi apoyo incondicional, gracias a él todo me resultó más fácil. Mi madre lo llevó peor, pensaba en mi excesiva juventud y en las duras condiciones y los sacrificios inherentes a esta profesión, y temía que la vida que me iba a encontrar no fuera precisamente un camino de rosas. El resto de mi entorno, mis hermanos y mis amigos, se sorprendieron inicialmente por mi decisión, porque nunca hasta entonces me había significado por esta opción, pero enseguida me apoyaron y siempre lo han respetado”.

A partir de ese momento, su vida ha estado vinculada al cuerpo. Sus destinos en la provincia de Huesca, Navarra o Lérida le han obligado a renunciar a otras cosas pero no más que otras profesiones. “Como en la mayoría de los trabajos, conciliar la vida laboral y familiar resulta bastante difícil, y en la Guardia Civil no es una excepción. Durante mi trayectoria profesional, al igual que mis compañeros, hombres y mujeres, he tenido que elegir en numerosas ocasiones entre la estabilidad familiar y mi proyección profesional, elección siempre voluntaria y meditada, con la que reconozco que mi familia se ha llevado la peor parte, porque estas decisiones han conllevado ausencias más o menos largas por estancias en centros de formación, cambios de destino a localidades no siempre cercanas, situaciones que han hecho que de una manera u otra, no pudiera estar junto a mis seres queridos. Actualmente dentro de la Guardia Civil, al igual que en el resto de la Administración, las medidas que se han ido poniendo en marcha en estos últimos años, relativas a la conciliación familiar, han supuesto una mejora ostensible en este aspecto, tanto para mujeres como para hombres, y hay más herramientas disponibles para poder compaginar el trabajo y la familia”.

El de la teniente adjunta Gil es otro ejemplo de superación, de lucha en un mundo tradicionalmente masculino en el que poco a poco durante los últimos 30 años, ella y otras muchas mujeres han demostrado que están perfectamente capacitadas para ejercer esta profesión igual que cualquiera de sus compañeros.

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