FOTÓGRAFA Y ‘REPORTER’ EN LOS AÑOS 50

No hay trabajos de hombres ni de mujeres. No hay aficiones de mujeres ni de hombres. Hay trabajos y hay aficiones, o al menos, así debería ser…

#Huesca (#sociedad).-Divina Pastor fue una mujer adelantada a su tiempo y también una apasionada por su trabajo. La primera mujer fotógrafa profesional de la provincia de Huesca recuerda con añoranza esos tiempos en los que inmortalizaba su mundo a través del carrete de dos viejas cámaras fotográficas. Ha pasado más de medio siglo pero la protagonista de esta historia, ya octogenaria, recuerda con una sonrisa y muy buen humor algunos de sus trabajos habituales. “Retrataba a amigas en el parque o probándose ropa. Se pegaban toda la tarde probándose vestidos, trajes de baño o trajes regionales y nos los pasábamos muy bien”.


La pasión por la fotografía le viene en la sangre. Su padre era fotógrafo y con él pasaba horas en el taller del revelado. Como no quiso estudiar se puso a ayudar a su padre y fue un sacerdote del que destaca fue “rebotado” quien le invitó a su primer encargo profesional: una boda en Alcañiz. “Estaba muy nerviosa. El cura me iba diciendo cuando y como tenía que hacer la fotos”, recuerda. 

A partir de entonces, todo fue rodado. Trabajó mucho y trabajó muy bien, dejando un importante legado de la ciudad de Huesca en los años 50. Celebraciones, retratos, ropa, paisajes… todo con total espontaneidad y naturalidad, mostrando a la sociedad oscense tal y como era. El ser mujer, reconoce, le abrió muchas puertas “porque les debía dar más confianza”, pero hubo una, la de la basílica de San Lorenzo, que la tuvo cerrada para muchas bodas. “Era la parroquia más pudiente de la época y Mosen Damián me vetó por ser mujer. Me costó mucho convencerle pero al fin lo logré”.

Entre todos sus fotografías, si se tuviera que quedar con alguna, sería las de sus hijos, “del mayor porque a los otros dos ya les hice muchas menos”, recuerda entre risas. Y si hubo un evento que le impactó fue tener que fotografiar a una joven fallecida. “Debía tener alguna enfermedad y me contrataron para retratarla antes del funeral. La vistieron de virgen y esa imagen me persiguió durante algún tiempo”.

El trabajo de su marido les llevó primero al País Vasco, y más tarde a Lérida, la ciudad natal de Divina, pero el cuidado de sus hijos le impidió volver a su labor profesional. Pese a eso, Divina Pastor es un claro ejemplo de que cualquier mujer puede desempeñar aquello que desee ser. Ser la única fotógrafa en los años 50 fue una gran aportación para abrir el camino a las generaciones posteriores. 

Trabajo cedido a la DPH

Divina Pastor ha cedido recientemente a la Diputación provincial de Huesca, todas sus fotografías con las que se cubre una etapa, los años 50, en la que había pocas imágenes de la provincia. Y es que pese a haber nacido en Lérida y llevar muchos años en la cuidad catalana, siempre lleva a Huesca en su corazón. “Somos muy Huesquetas. Venimos muy a menudo. Cuando íbamos al Tour, por ejemplo, siempre íbamos con la bandera de Huesca. Donde iban a estar mis retratos mejor que aquí”.

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