OH! LA SAETA AL CANTAR…AL CRISTO DE LOS GITANOS


Saetas, ‘levantadas’ y mucha emoción. La procesión del #CristoDeLosGitanos, como siempre, no defraudó.

#Huesca (#cultura).- Puntuales. Minutos antes de que las campanas de la Catedral de Huesca repicarán las 10 de la noche, los gitanos de Huesca abrían la puerta del templo oscense para que comenzara una de las procesiones más esperadas: la del Cristo de los Gitanos. Las saetas, que en la noche de ayer fueron interpretadas por Iván Giménez y José Arjona, y las ‘levantadas’ a las órdenes del prior, Manuel Giménez Giménez, Manolín, fueron recibidas por el público asistente con aplausos y emoción.

Se trataba de la séptima vez que la cofradía de los gitanos de Huesca procesionaba y como viene siendo habitual, año tras año, la expectación era máxima. “Se trata de una procesión en la que estamos abiertos a la improvisación. Hay algo hablado pero luego flotan los sentimientos de los gitanos. Creo que por esa improvisación que hace que cada año sea diferente gusta tanto a la gente”, nos explicaba el prior de la cofradía el pasado viernes.

Los 24 costaleros estuvieron acompañados por cientos de personas durante casi todo el recorrido, un recorrido complicado con calles muy estrechas en algunos tramos como uno de la calle Los Santos Justo y Pastor y cuestas muy empinadas como en el principio de Doña Petronila. “Los costaleros se dejan la piel, lo dan todo, estoy muy contento con ellos”, recalcaba orgulloso Manolín.

La procesión comenzaban en la puerta de la Catedral leyendo Felipe Rico un poema escrito por Toño Julve y con un primer canto acompañado de órgano, guitarra y violín para arrancar un recorrido que duró cerca de las las dos horas. La emoción y sentimiento estuvieron presentes para combatir una noche fría. Entre los momentos más emocionantes, las palabras del prior en la plaza de los Fueros, la saeta cantada en Doña Petronila con la escalera y el mirador del lateral de la Catedral a rebosar de público y dos ‘levantadas’ en la plaza del Ayuntamiento minutos antes de introducir al Cristo en la Catedral, una recordando “al pescaito Gabriel”, al que definieron como “un ángel que está en el cielo” y otra en agradecimiento a la Guardia Civil que les habían acompañado durante todo el recorrido, “es un honor tener como cofrades de honor a la Guardia Civil. Hay que romper tópicos y que sepan que no están solos”. En ambos casos, el numeroso público que esperaba para ver como los costaleros daban la vuelta a la peana y la introducían de espaldas en la Catedral, con el fin de que “el Cristo nunca de la espalda a la gente”, no pudieron mas que romper en aplausos.

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